Entre mitos y desiertos

de Susana Lage.

 

I.S.B.N.: 978-987-1395-72-9

Páginas: 150

Formato: 22 cm. x 15 cm.

Precio: $200,00

Editorial: Nueva Generación

Año: 2016

 

Este libro está compuesto por las obras: Crónica de Ítaca, Menos el pecho de Deolinda, Lagartijas, El sueño de la mujer triste, Tudcum y Los rayos de aquel sol.

 

Prólogo de Carlos Fos

Mitos, desiertos y la poesía del teatro atravesándolos

Cuando nos encontramos frente a la presentación de un libro, debemos estar dispuestos a la celebración; a disfrutar de un ritual cuasi pagano que nos envuelve en ecos festivos, los mismos que siguen vertebrando al acontecimiento teatral en todas sus múltiples expresiones. Las viejas fronteras que animaban un centralismo porteño e invisibilizaba a buena parte de la producción escénica del resto del país ha cedido en estos años ante la rica y variada oferta de los artistas de todas las provincias. Estas fronteras entre lo legitimado y lo periférico, muy cerradas y fáciles de verificar en el pasado, comenzaron a experimentar un fenómeno de porosidad que fue acentuándose con el devenir de las décadas de post dictadura. La multiplicidad de micropoéticas que crecían a ritmo febril no podía hacer viable la normatividad de un canon o la imposición de fórmulas que llegaran acríticas a imaginarios colectivos atravesados por realidades particulares, aromas y paisajes propios. Desde los estudios teatrales se ha abandonado la tabla rasa de métodos para el análisis, acercándose al realizador para interpelarlo y aprender de su praxis. Si el teatro tiene herramientas propias para su estudio, los artistas son los portadores privilegiados de esos conocimientos y los investigadores debemos encontrarlos en un diálogo fructífero con ellos. No es pertinente replicar teorías o periodizaciones sin conocer los campos teatrales porque trabajos teóricos animados por estas concepciones plenas de anteojeras sólo fenecerán en estériles producciones, de  resultados pobres y forzados. 

 En ese estado de cosas, asistimos a una fractura notable del discurso teatral. Pero se trató de  una desintegración de la dominancia que enriquecía, que retaba a las clasificaciones creadas para entenderlas. Así, emergieron acontecimientos escénicos genuinos, atravesando las grietas, escurriéndose por los suburbios de lo promocionado en las estanterías del arte de divertimento.  

 Susana Lage, destacada teatrera de San Juan, nos aporta un mundo propio, donde la diversidad se manifiesta en poéticas de belleza inusual. En un libro,  las obras teatrales se transforman en piezas literarias que reclaman de cuerpos libres para despertar a la vida plena. Listas están un puñado de  criaturas que se reúnen, ansiosas, en el universo creador de Lage. La Difunta Correa, ese ser que habita el universo mítico de la región cuyana parece acomodarse junto a Rosas y a Ulises para emprender un viaje teatral de la mano de los distintos textos . En ellos, respira esa capacidad de generar presencia, esa exigencia que recuerda a la vestimenta que duerme en la expectación de sujetos que la habite. El título del volumen que prologo nos propone un maridaje esencial entre mitos y desiertos. Se trata de una visión no cristalizada de esas historias que abrigan pasados y pintan presentes; esas historias que darán cobijo a dos principios que las verdades impuestas han intentado licuar en formatos homogéneos: memoria y encuentro personal festivo.  Memoria que registra los susurros de los habitantes sin nombre, de los olvidados, de los que se mimetizan con el sol de las tierras baldías. Memoria que no puede travestirse, ni venderse en mercados donde el hombre es pesado y tasado. Memoria que no busca la fetichización del pasado, aislándolo de las circunstancias históricas que lo animaron, descontextualizándolo.  Memoria que es antídoto para los que proclaman un mundo del eterno presente, sin pasado (tan sólo crónicas aisladas y anecdóticas) real y sin futuro posible. La autora, sin didactismos ni ópticas conservadoras, nos presenta un cosmos autóctono, con sus originalidades y tesoros del territorio, que escapan de la banalidad y se recuestan sobre los cimientos de las identidades. Su aporte es doble,  pues con un lenguaje universal y fértil en matices deja anclajes que nos hablan del colectivo que integra. El juego que realiza la dramaturga poniendo en tensión a la muerte en su propia definición y dándole otras connotaciones como parte de la propia vida surca la totalidad del material expuesto con una potencia notable, a veces explícita, otras sutilmente señalada. Cada escrito nos acerca al fogón del encuentro personal; ese espacio donde la violencia recíproca es puesta entre paréntesis para que se recree esa magia del hacer y resuenen voces y torsos en síntesis de la armonía de los sentires y saberes individuales en el marco de lo comunitario. Es la energía  festiva que el teatro conserva a través de una impronta subversiva que desgasta las pautas del mundo mediado, transitando un camino opuesto al que éste promueve. 

La aparición de este volumen de Lage nos impulsa a redoblar el criterio de cartografía teatral para otear con ojos científicos una realidad escénica nacional tan compleja como próspera. Ha significado este desafío crítico reconsiderar las categorías de lo teatral manejadas hasta ahora, reencontrándonos con la fiesta como disparador del hecho artístico, como fuente de perspectivas abandonadas en aras de una normalización sin sentido.

 En una sociedad que escapa a los encuentros personales y esconde los cuerpos el teatro tiene mucho por decir. Que estas seis piezas sean disparadores de sueños, emociones, reflexiones críticas, teatrando las tierras teñidas de gris y pobladas por la arena de tantas soledades y postergaciones.